Cuando las gotas no dejan ver el lago


Hace un par de semanas que esta reflexión me ronda la cabeza y quería escribir este post desde hace muuuucho tiempo.

En mi querido Zug (Suiza) había quedado con una buena amiga para comer. No tenía coche, así que decidí ir en bicicleta. Cuando salí, empezó a llover bastante fuerte, así que me puse la capucha del chubasquero y continué pedaleando. Tenía unos 8 km por delante, en un paisaje idílico, después de unas semanas de ritmo frenético, de avión en avión y de estrés muy intenso, así que decidí tomar ese corto trayecto como una breve pausa de relax. Iba mirando el idílico paisaje y disfrutando del aire puro y húmedo que llenaba mis pulmones. El lago, el olor a tierra mojada. Casi perfecto…

Pero las gotas de agua, sobre todo cuesta abajo, impactaban con fuerza en mi cara, me nublaban las gafas y eran muy molestas. Me sentí contrariado por la interrupción de ese momento de relax que necesitaba tanto. Intenté concentrarme en el paisaje, en el momento presente, como dicen los libros de autoayuda y los gurús del bienestar, je, je… pero me costaba mucho; el agua, muy fría y muy fuerte, era realmente incómoda. Después de un rato conseguí que casi no me afectara el agua, aunque llovía cada vez más, pero me costó bastante esfuerzo y un buen rato abstraerme de esas gotas en la cara.

Esa mini experiencia me hizo pensar en que las gotas de agua son como las molestias o cosas diarias que no nos gustan y en las que ponemos el foco, evitando disfrutar del resto de cosas positivas que tenemos. Pensé en las cosas que no nos gustan de nuestras empresas, de nuestros jefes, de nuestras familias, de nuestro físico, de nuestra personalidad, de dónde vivimos y de mil cosas más. Cuánto tiempo y foco perdidos en esas “gotas de agua” golpeándonos la cara, sin ver que estamos en un sitio idílico, en la suerte que tenemos y en la cantidad de cosas maravillosas que nos rodean.

Muchas personas, más que gotas de agua, tienen auténticas tormentas de granizo en sus vidas y aun así consiguen disfrutar en la tormenta; otras, en cambio, se derrumban y amargan sus vidas por unas simples gotas de agua un poco fuertes en la cara.

Es nuestra elección dónde queremos estar




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